DO IT…

MAPAArquitectos-MarcosParga_Acta-02

 

Do it with an architect!
Architectural journal ACTA #01 (pp.4-6) (Mexico), August 2015.

This phrase can seem little suggestive at first sight, even innocent, a hybrid between the aggressive campaigns of a famous brand of sportswear and a slogan of a powerful architectural firm with many resources but little imagination.

However, the recommendation is found printed on a t-shirt that diligently, many years ago, Cedric Price has ‘embedded’ on a freshly ironed shirt with rounded collar adjusted by his usual dark tie, to be photographed – we do not know exactly for what purpose – in defiance, cigar in mouth and infinite gaze. Perhaps now we find the intent of the message less evident and, knowing as we know the person that adopt it, we will think it over, quickly looking for his provocative component.

The British architect still looks relatively young, probably had already completed its Aviary for London Zoo (1961), take some years teaching as a professor at the AA (1958-1964) and discussing with Joan Littlewood and Gordon Pask about the possibility of an hypothetical reprogrammable building, intended as a definitive temple of entertainment (Fun Palace, 1961-72). Sure he was keep on thinking on the concept of “educational territory” raised within the framework of the still only intuited third industrialization as a possible regenerating tool for the damaged region of North Staffordshire (Potteries Thinkbelt, 1965-1968), and also possibly he had already excited about the real opportunity to implement his recurrent ideas on flexibility, adaptability, obsolescence, recycling, industrialization, program hybridization and temporary nature opened with the recent commission for ‘a building that was not a building’ (Interaction Center, 1972-1977).

Forty years later we know that Price built relatively few – although this was his main goal – and never reached a global success, that his projects were based on the belief that architecture should allow people to ‘think the unthinkable’, without determining their behavior a priori, promoting a kind of calculated uncertainty with which cleverly he questioned the purpose of the construction activity, and by extension the “Establishment”.

We also know that he defines himself as anti-architect in order to work from crossbreeding, surrounding himself with new accomplices and opening discipline into new territories – hence the paradox of the message printed on the t-shirt – and that all these experiences, not coincidentally, were floating on that significant controversial commotion of the 60s and 70s with which many others – from different fields – faced the crisis of modernity pushing the limits of research in areas such as art, design, architecture and urbanism.

Forty years later, we also realize that all these ‘promises’ have penetrated, but not that much.
The architecture as discipline, as practice and as discourse, remains worryingly slow to solve problems, dangerously inflexible in their relative ability to react to pressure – whether occasional or chronic – imposed by changes in contemporary culture. That anti-architect defended by Price still claims today its ability to communicate architecturally, to enable interdisciplinary debate away from the self-imposed specialization by a reactionary official activity that aims to reclaim their valuable identity by converting the building into the medium with which consolidate its power.

We must therefore imitate that gesture, have on again that t-shirt as a symbolic act – even if we do gradually, overlapping it to our usual attire, as Price did – to be aware of the need to recover and rebuild methodologies that should return to the discipline its capacity for critical dialogue, simultaneously redesigning and upgrading the now abandoned skills of the, for many, dangerous anti-architect.

Its peripheral vision, nonconformity and disposition to revolt, its anticipatory skills, lack of pedigree, ability to trigger from within, to theorize while maintaining an unbreakable commitment to reality, will help us to project an inclusive and reactive architecture that ultimately will lead to a suitable design of our damaged built environment.

Madrid, August 5, 2015.

(More writtings by Marcos Parga in Academia.edu)

 

Do it with an architect!
Artículo publicado en la revista mexicana ACTA #1 , Agosto 2015.
Esta frase nos puede parecer a simple vista poco sugerente, incluso inocente, un híbrido entre las agresivas campañas de una conocida marca de ropa deportiva y el eslogan de una potente empresa de arquitectura con muchos recursos pero poca imaginación.

Sin embargo, la recomendación la encontramos impresa en una camiseta que diligentemente, muchos años atrás, se ha ‘embutido’ Cedric Price sobre una camisa recién planchada de cuellos redondeados ajustados por su habitual corbata oscura, para ser fotografiado – no sabemos exactamente con qué objetivo – en actitud desafiante, puro en boca y mirada infinita.

Posiblemente ahora la intención del mensaje nos resulte menos evidente y, conociendo como conocemos al personaje que lo abandera, le daremos una vuelta, buscando rápidamente su componente provocadora.

Al arquitecto británico todavía se le ve relativamente joven, seguramente ya había finalizado su Aviario para el Zoo de Londres (1961), llevaría algunos años ejerciendo como profesor en la AA (1958-64) y discutiendo con Joan Littlewood y Gordon Pask acerca de la posibilidad de un hipotético edificio reprogramable, pensado como definitivo templo del divertimento (Fun Palace, 1961-72). Seguro que ya le andaba dando vueltas al concepto de ‘territorio docente’ planteado dentro del marco de la todavía solo intuida tercera industrialización como posible herramienta regeneradora de la deteriorada región de North Staffordshire (Potteries Thinkbelt, 1965-68), y también posiblemente se había ilusionado ya con la oportunidad real de poner en práctica sus recurrentes ideas sobre flexibilidad, adaptabilidad, caducidad, reciclaje, industrialización, hibridación de programas y temporalidad que se le abría con el reciente encargo de construir ‘un edificio que no fuera un edificio’ (Interaction Center, 1972-77).

Cuarenta años después sabemos que Price construyó relativamente poco – aunque este era su principal objetivo – y que nunca alcanzó un éxito global, que sus proyectos estaban basados en la creencia de que la arquitectura debía permitir a la gente ‘pensar lo impensable’, sin determinar a priori su comportamiento, promoviendo un tipo de incertidumbre calculada con la que ingeniosamente cuestionaba el propósito de la actividad constructiva, y por extensión al establishment.

Sabemos también que se autocalificaba como anti-arquitecto para así poder trabajar desde el mestizaje, rodeándose de nuevos cómplices y abriendo la disciplina a nuevos territorios – de ahí lo paradójico del mensaje impreso en la camiseta – y que todas estas experiencias, no por casualidad, flotaban en aquella trascendental efervescencia contestataria de los años 60 y 70 con la que muchos – desde diferentes campos – se enfrentaron a la crisis de la modernidad empujando hasta el paroxismo los límites de la investigación en ámbitos como el arte, el diseño, la arquitectura y el urbanismo.

Cuarenta años después también comprobamos que todas estas ‘promesas’ han calado, pero no tanto.

La arquitectura como disciplina, como práctica y como discurso, sigue siendo preocupantemente lenta para solucionar problemas, peligrosamente inflexible en su capacidad relativa para reaccionar a las presiones – ya sean puntuales o crónicas – impuestas por los cambios de la cultura contemporánea. Aquel anti-arquitecto defendido por Price sigue reclamando hoy en día su capacidad para comunicar arquitectónicamente, para activar el debate interdisciplinar lejos de la especialización autoimpuesta por una reaccionaria actividad oficial que pretende reivindicar así su valiosa identidad convirtiendo al edificio en el medio con el que consolidar su poder.

Debemos por tanto imitar aquel gesto, volver a enfundarnos aquella camiseta como acto simbólico – aunque sea de forma gradual, superponiéndola a nuestro atuendo habitual, como hacía Price – para ser conscientes de la necesidad de recuperar y reconstruir las metodologías que devuelvan a la disciplina su capacidad para el diálogo crítico, rediseñando y actualizando simultáneamente las habilidades ahora abandonadas del, para muchos, peligroso anti-arquitecto.

Su visión periférica, su inconformismo y disposición a la rebelión, sus habilidades anticipatorias, su falta de pedigrí, su facilidad para provocar desde dentro, para teorizar al mismo tiempo que mantiene un inquebrantable compromiso con la realidad, nos ayudarán a proyectar una arquitectura inclusiva y reactiva que finalmente revierta en un adecuado diseño de nuestro maltratado entorno construido.

 

Madrid, 5 de Agosto de 2015.

(Más artículos de Marcos Parga en Academia.edu)